Mundial 2026: la Copa se quedó sin dueños
El Mundial entró en esa zona donde no manda la lógica. Ya no quedan anfitriones, Brasil y Alemania miran desde afuera, Portugal despidió a Cristiano y Argentina se prepara para Egipto con Messi encendido y la guardia alta.
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El Mundial 2026 ya se sacó el saco de gala y se puso la ropa de combate. Se terminó la parte en la que algunos todavía hacían cuentas, probaban variantes o administraban piernas. Ahora cada pelota dividida vale media vida, cada error defensivo puede ser pasaje de vuelta y cada partido tiene ese olor hermoso y cruel de los mata-mata: ganás y seguís soñando; perdés y te toca armar la valija.

Y este Mundial, el más grande de la historia, no está dejando caminar a nadie. El nuevo formato, con más selecciones y más partidos, abrió la puerta a historias nuevas, pero también le cargó al torneo una dosis extra de desgaste, viajes, calor, canchas distintas y cruces incómodos. Lionel Scaloni lo dijo sin vueltas antes del partido contra Egipto: no hay un favorito clarísimo. Y tiene razón. Los grandes están pasando, sí, pero ninguno está sobrando la situación.
La prueba está a la vista. Alemania ya quedó afuera. Países Bajos también. Brasil, que siempre parece tener una vida más en los Mundiales, se pegó un golpazo contra Noruega y se fue eliminado por un 2-1 que metió a Erling Haaland en el centro de la escena. Portugal también se despidió, con un 1-0 ante España que tuvo gol agónico de Mikel Merino y dejó una postal fuerte: Cristiano Ronaldo, a los 41 años, saliendo de su último Mundial.
Encima, la Copa se quedó sin anfitriones. Canadá fue eliminado por Marruecos, México cayó en un partidazo contra Inglaterra en el Azteca y Estados Unidos se fue después de una derrota dura contra Bélgica. Para un Mundial organizado entre tres países, es un dato pesadísimo. La fiesta sigue, los estadios van a seguir llenos, pero el calor local ya no tiene equipo propio para empujar.
En el medio de todo eso aparece Argentina, que viene de ganar un partido que dejó más alivio que euforia. El 3-2 contra Cabo Verde fue una de esas noches donde el campeón del mundo tiene que acordarse de por qué es campeón. No alcanzó con la camiseta, no alcanzó con el favoritismo, no alcanzó con tener a Messi. Hubo que sufrir. Cabo Verde, debutante mundialista, se plantó como si llevara toda la vida jugando estas instancias. Empató dos veces, llevó el partido al suplementario y obligó a Argentina a sacar carácter cuando el fútbol no fluía.
Messi abrió el partido con su séptimo gol en este Mundial y llegó a 20 tantos en Copas del Mundo. Una locura. Pero la noche no fue un paseo. Argentina tuvo tramos incómodos, momentos de poca claridad y hasta necesitó que el Dibu Martínez apareciera en el final para evitar otro golpe. La jugada decisiva llegó en el segundo tiempo del alargue: córner de Messi, cabezazo de Cuti Romero y pelota que terminó entrando tras el desvío en Diney Borges. Fue clasificación, sí. Pero también fue aviso.
Ahora viene Egipto. Y no es una figurita decorativa. Egipto llega agrandado, con Mohamed Salah como bandera y con un logro histórico encima: por primera vez se metió en una instancia eliminatoria del Mundial. Viene de superar a Australia por penales y encontró en este torneo una alegría que le había sido esquiva durante décadas. No tiene el plantel de Argentina, pero tiene orden, energía emocional y un líder que sabe jugar partidos grandes.
Por eso la Scaloneta tiene que entrar con el cuchillo entre los dientes. Nada de creer que el partido se gana con el escudo. Este Mundial ya demostró que castiga al que pestañea. Francia necesitó un penal de Mbappé para sacarse de encima a Paraguay. España tuvo que esperar hasta el minuto 91 para quebrar a Portugal. Inglaterra terminó pidiendo la hora contra México con diez jugadores. Nadie está haciendo trámites.
La buena para Argentina es que tiene memoria competitiva. Este grupo sabe sufrir. Lo hizo en Qatar, lo hizo en finales, lo hizo en penales y lo volvió a hacer contra Cabo Verde. Cuando el partido se pone feo, hay una base emocional que aparece. Y en un Mundial, a veces eso vale tanto como jugar lindo.
Hasta acá, la Copa viene siendo un quilombo hermoso: candidatos golpeados, tapados que se agrandan, favoritos obligados a transpirar y figuras históricas que siguen escribiendo o cerrando capítulos. El Mundial ya se quedó sin dueños. Y ahí, cuando nadie domina del todo, empieza lo que más nos gusta a los futboleros: la parte donde el corazón también juega.
